CRUZAR PARA VIVIR
Nadie se despierta un día y decide, sin más, abandonar su casa, su familia o su comunidad. Migrar no es un impulso: es una decisión que se cocina lentamente en la urgencia, en la desesperación o en la esperanza. A veces nace del miedo; otras, del amor. Pero siempre, siempre, implica un alto costo humano y, muchas veces, un sacrificio que se carga para toda la vida.









