Pacificar sin triunfalismo: Sheinbaum y Harfuch frente al desafío de la violencia

Lo que presenta el gobierno de la Dra. Sheinbaum no es el cierre de una batalla, sino el replanteamiento de una estrategia que comienza a madurar

#EnLoOpiniónDe Jorge Argüelles Victorero .- El primer informe de gobierno de Claudia Sheinbaum en materia de seguridad y la comparecencia de Omar García Harfuch frente al Senado configuran una política coherente y estratégica, con matices de avance y autocrítica. Este binomio político, característico de la etapa inicial de su administración, combina resultados mesurables en la reducción de delitos con un reconocimiento frontal de las limitaciones estructurales que aún enfrenta el país.

En su informe, la presidenta Sheinbaum destacó una disminución de 25% en homicidios dolosos a nivel nacional y de 20% en delitos de alto impacto, cifras que, de acuerdo con fuentes oficiales, representan 22 homicidios menos por día en comparación con septiembre de 2024. Los estados de Zacatecas, Guanajuato y Nuevo León reportaron las mayores reducciones, lo que se ha interpretado como efecto de una mejor coordinación entre fuerzas federales y locales.

Paralelamente, la Presidenta mencionó el fortalecimiento de mecanismos contra la extorsión —un delito con profundas consecuencias sociales— a través de una reforma constitucional que permite su persecución de oficio y denuncias anónimas. La Estrategia Nacional contra la Extorsión, implementada desde julio, marca un viraje hacia la investigación criminal sustentada en inteligencia y coordinación institucional.

Sin embargo, el valor político del informe de Sheinbaum no yace sólo en las cifras, sino en la consistencia de un modelo de gobernanza que busca equilibrar soberanía y colaboración. Su afirmación de que “la política de seguridad se decide soberanamente en México” refleja esa convicción de autonomía frente a Washington, mientras implementa una política  de cooperación sin subordinación. En ese marco, el discurso presidencial mantiene continuidad con el paradigma de “humanismo mexicano”, pero con énfasis en resultados técnicos y esquemas de evaluación pública.

El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, complementó ese discurso en su comparecencia. A diferencia de posturas triunfalistas, el responsable de la seguridad en el país asumió un tono sobrio y técnico: reconoció que hay “27 homicidios menos diarios” y “una reducción de 32?% en homicidios”, pero subrayó que “eso no significa que el trabajo esté resuelto”. Presentó datos de más de 1,500 laboratorios de droga destruidos y una coordinación constante con Marina y el Ejército, convirtiendo la acción gubernamental en un ejercicio de gestión más que de heroísmo.

En términos de discurso público, el secretario Harfuch ofreció una versión institucional de la “pacificación gradual”, que empatiza con la necesidad de resultados verificables, pero evita el desenlace de la autocomplacencia. Ese equilibrio, poco común en la política mexicana, puede consolidarlo como una de las figuras más importantes del gabinete si mantiene la línea de transparencia técnica que exhibió ante el Senado.

Aun así, el desafío de fondo sigue: el país requiere seguir fortaleciendo la seguridad con fuerza y formación militar a un sistema más y más civil, profesionalizado y con gran presencia territorial municipal y autónoma. Pienso además que, la reducción de homicidios no debe pasar por alto la desaparición de personas ni las brechas de desconfianza ciudadana persistentes. México avanza, sí. Pero aún no hemos pacificado esta profunda noche. Lo que presenta el gobierno de la Dra. Sheinbaum no es el cierre de una batalla, sino el replanteamiento de una estrategia que comienza a madurar.

POR: JORGE ARGÜELLES VICTORERO

COLABORADOR

@JORGEARGUELLESV

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