La reforma electoral que impulsa la presidenta Claudia Sheinbaum se perfila indudablemente como un avance en la democracia mexicana porque combina la reducción de costos del sistema

#EnLaOpiniónDe Jorge Argüelles Victorero.- La reforma electoral que impulsa la presidenta Claudia Sheinbaum se perfila indudablemente como un avance en la democracia mexicana porque combina la reducción de costos del sistema con cambios orientados a mejorar la representación y la participación ciudadana, dentro de un proceso que está siendo disputado y negociado hacia dentro de la propia coalición gobernante. Contrario a lo que se piensa, como alguien que ha sido parte de esta coalición desde el poder legislativo como Coordinador Parlamentario, los vaivenes en su composición expresan más un ejercicio democrático interno en el movimiento que una crisis de liderazgo, y aun con el crecimiento del PVEM y PT, no está en duda que la fuerza mayoritaria sigue siendo Morena.
La comisión presidencial ya entregó a la Dra. Sheinbaum el proyecto de reforma electoral, con ejes claros: reducir el costo de las elecciones, racionalizar el gasto de los órganos electorales y fortalecer la fiscalización del dinero, tanto público como privado. Desde 2024–2025 se anunció que uno de los objetivos centrales sería disminuir el financiamiento a partidos políticos, que ronda varios miles de millones de pesos anuales, y recortar gastos del INE y de campañas sin eliminar derechos de participación.
Otro componente relevante de la propuesta de reforma, es que planteará la reconfiguración de la representación proporcional para que los legisladores plurinominales respondan más a la ciudadanía y menos a cuotas internas de las élites partidistas, sin desaparecer a las minorías ni negarles espacios en el Congreso. Este énfasis en mantener representación a minorías mientras se ordena el sistema apunta a un ajuste evolutivo, no a una ruptura autoritaria del modelo electoral. Y esto último, no puede ser desestimado ni pasado por alto, la desinformación al respecto busca provocar, más que construir.
Es cierto que, el contenido de la reforma no ha sido lineal: se ha hablado de recortes a plurinominales, ajustes al INE y al Tribunal Electoral, cambios en el financiamiento y también de temas como la revocación de mandato, lo que ha generado resistencias y matices incluso entre los aliados de la 4T. Las negociaciones con el Partido Verde y el Partido del Trabajo, así como la discusión entre la Presidencia, la bancada de Morena y la comisión redactora, muestran un proceso en el que se reajustan prioridades y límites, más que un guion cerrado impuesto desde arriba.
Que el proyecto se haya “rebajado” en algunos puntos, frente a los intereses de partidos aliados o de actores institucionales, evidencia la existencia de contrapesos dentro del propio bloque, convirtiéndose en oportunidad para construir acuerdos. En este sentido, los cambios de rumbo, filtraciones, versiones encontradas y calendarios que se mueven son rasgos de una disputa democrática interna por el contenido de la reforma, no síntomas de improvisación.?
Los resultados de 2024 y la legislatura posterior muestran que el PVEM y el PT ganaron peso específico gracias a su alianza con Morena. El PVEM se convirtió en la tercera fuerza política nacional, desplazando al PRI, con alrededor de 8-9% de los votos legislativos y un crecimiento notorio en curules; mientras que el PT consolidó entre 5-6% de la votación federal, lo que le asegura una bancada de tamaño medio pero relevante para mayorías calificadas.
Ese crecimiento ha hecho políticamente más costoso ignorar las agendas de estos partidos en temas como medio ambiente, programas sociales focalizados o posiciones sobre órganos autónomos, y explica parte de las tensiones sobre el alcance de la reforma. Sin embargo, se trata de partidos que históricamente han sido aliados de bloques mayores y cuya fortaleza ha dependido, en buena medida, de la coalición en la que se insertan.
A pesar del avance de sus socios, Morena sigue siendo la fuerza mayoritaria y el eje de la coalición “Sigamos Haciendo Historia”. En 2024 fue el partido con más votos del país, con poco más de 45% de los sufragios para diputaciones federales y la mayor contribución a la victoria presidencial de Claudia Sheinbaum.? En la Cámara de Diputados, incluso considerando que cede espacios a aliados para facilitar gobernabilidad, Morena conserva la bancada más grande y el control político de los principales órganos legislativos. Reconocer el avance del PVEM y del PT no implica relativizar la asimetría estructural: sin Morena, la coalición oficialista no tendría ni el volumen de votos ni la capacidad organizativa para impulsar una reforma de estas dimensiones.
La reforma electoral que promueve la presidenta Sheinbaum funciona, al mismo tiempo, como instrumento de ajuste institucional y como prueba de estrés para la vida interna de la 4T. Que existan foros, audiencias, parlamento abierto y negociación con partidos aliados y oposiciones habla de un rediseño que se dialoga en múltiples arenas, no de un simple decreto.? En este contexto, los vaivenes de su contenido deben leerse como una dinámica de deliberación democrática dentro del campo gobernante, donde distintos actores miden fuerzas, ceden y negocian, mientras se mantiene claro que la columna vertebral de la reforma y del sistema de partidos sigue siendo Morena.



