Una reflexión desde dentro de la 4T, con lealtad crítica y sentido de responsabilidad democrática
#EnLaOpiniónDe Jorge Argüelles Victorero .- En una democracia que aspira a transformarse desde sus raíces, la violencia nunca puede verse como un triunfo. No sólo porque deja heridos o daños visibles, sino porque corroe aquello que da sentido a la vida pública: la posibilidad de convivir, disentir y construir futuro sin que el otro se convierta automáticamente en enemigo.










